viernes, 30 de mayo de 2008

“Querían que nunca nos juntemos”



“Querían que nunca nos juntemos”

LAURA RUIZ DAMERI


Las Abuelas de Plaza de Mayo encontraron a la nieta n° 90. Nació en la ESMA y fue apropiada por un represor. Sus hermanos estuvieron en ese centro clandestino y recuperaron su identidad en el 89 y 00. Su hermana Victoria cuenta la historia
Silvia Beatriz María Dameri y Orlando Antonio Ruiz fueron secuestrados y llevados a la ESMA. Sus hijos estuvieron con ellos hasta que la patota que manejaba Massera decidió repartirlos. A M.de las Victorias la dejaron en la puerta de un hospital de Rosario y a Marcelo en Córdoba. A Laura, que había nacido en el centro clandestino, se la llevó un represor y la anotó como hija propia. El martes, Laura recuperó su identidad, como lo había hecho Marcelo en 1989 y M.de las Victorias en 2000. “Nos dejaron en provincias distintas para que nunca nos juntemos. Ahora mis viejos, donde estén, pueden descansar tranquilos. Estamos los 3 vivos. No pueden con los Ruiz Dameri”.
Laura se convirtió en la nieta número 90 en ser recuperada por las Abuelas. Recibió el resultado del análisis del Banco Genético que confirmaba su identidad biológica el martes en el despacho de la jueza Servini de Cubría. No había querido sacarse sangre, pero la magistrada ordenó un allanamiento para obtener su ADN. María de las Victorias también estuvo el martes en Tribunales. No habló con su hermana, aunque pudo verla y reconocer el parecido con su mamá. “Por ahora ella no quiere acercarse. Debe estar shockeada, estuvo con un apropiador, que es el mismo que torturó a mi vieja. Yo la voy a esperar el tiempo que quiera”, aseguró María de las Victorias, desde Rosario. En la comunicación telefónica se mezcla la voz de una nena. La hija menor de María de las Victorias, de un año. La mayor tiene cinco. Además, Laura tiene otra sobrina: la hija de Marcelo que nació el martes, el mismo día que ella confirmó que era hija de desaparecidos.
Silvia Beatriz María Dameri y Orlando Antonio Ruiz militaban en Montoneros. Tuvieron a Marcelo en octubre del 76 y meses después se fueron del país. En 1978, en Suiza, nació María de las Victorias. Los cuatro volvieron a Argentina a comienzos de 1980, en el marco de la Contraofensiva. En mayo, fueron secuestrados. Silvia estaba embarazada de cinco meses. Laura nació en la ESMA. Pero creció con otro nombre.
“Me acuerdo del lugar. Las columnas. Me acuerdo de estar atada a una cama elástica muy vieja. Me acuerdo que había mucha gente. Son recuerdos hilvanados”, relató María de las Victorias, que tenía tres años cuando fue a parar al centro clandestino. Cuando los represores decidieron deshacerse de ella, la dejaron en la puerta del sanatorio de niños de Rosario con una carta escrita a máquina: “Me llamo Victoria. Mis padres no me pueden cuidar. Que Dios los ayude. Gracias”. Marcelo llevaba exactamente el mismo mensaje pero con su nombre. A él lo abandonaron en Córdoba. Marcelo y María de las Victorias fueron adoptados legalmente. El recuperó su identidad en 1989, ella en 2000: “Me vi en el diario en una foto y dije ‘ésta soy yo’ les conté a mis padres adoptivos y ellos me acompañaron a Abuelas, donde ya habían recibido una denuncia anónima que decía que yo podía ser hija de desaparecidos.Siempre supe que era adoptada pero creía que me habían abandonado”.
Laura, fue apropiada por el ex prefecto Antonio Azic miembro del grupo de tareas de la ESMA, ya se había quedado con otra niña nacida dos años antes en el mismo lugar: Victoria Donda, quien recuperó su identidad en 2004 y hoy es diputada.
Desde hace tiempo las Abuelas sospechaban que Azic era el apropiador de Laura Ruiz. De hecho, el ex prefecto ya fue procesado por ese hecho. En la misma situación están el médico de la marina Carlos Capdevilla, quien asistió el parto de Silvia Dameri en la “Huevera” –que era una sala de torturas– y el represor Oscar Lanzón. El subprefecto Díaz Smith está prófugo. Los sobrevivientes aseguraron que Juan Alemann, quien fue secretario de Hacienda de la dictadura, estuvo en la ESMA para ver a los Ruiz, a quienes vinculaban con un atentado en su contra.
Los ex detenidos desaparecidos Carlos Lordkipanise y Víctor Basterra vieron a los Ruiz en el centro clandestino. Contaron que Silvia “estaba muy panzona, con un embarazo muy avanzado” y a pesar de eso “fue torturada por el propio Azic”. Silvia y sus tres hijos fueron llevados a una quinta que el grupo de tareas de la ESMA alquilaba en General Pacheco. A la mujer le cortaron el proceso de lactancia mediante la aplicación de inyecciones”.El ex prefecto fue el que torturó a Lordkipanise junto con su hijo de apenas 20 días: “Me amenazó: ‘Si no hablás, le reviento la cabeza contra el piso a tu hijo’.le dije que no tenía nada que decir y lo puso en mi pecho, pasó corriente eléctrica”. “La verdad tarde o temprano sale a la luz. Los tres hermanos recuperaron su identidad y juntos podrán reconstruir la historia familiar que el terrorismo de Estado les quiso robar”, señalaron las Abuelas en un comunicado.

domingo, 4 de mayo de 2008


HOY CUMPLÍS AÑOS Y TE SEGUIMOS BUSCANDO

Esther Liliana Lavalle nació el 16 de febrero de 1950 en La Plata. Constantino José Valledor el 23 de enero de 1945 en la misma ciudad. Tuvieron un primer hijo al que llamaron Constantino José al igual que su padre. La pareja militaba en la organización Montoneros. A Esther sus compañeros la conocían como "Ana". La joven fue secuestrada el 4 de mayo de 1977 en la ciudad de Mar del Plata y llevada al Hospital Regional de esa ciudad, aparentemente, para dar a luz. Estaba embarazada de ocho meses. Fue retirada del hospital por personal del ejército y, posteriormente, asesinada. Sus restos fueron exhumados en 1983 en el Cementerio Parque de Mar del Plata. Constantino fue asesinado el 6 de octubre de 1977 en Mar del Plata, su cuerpo no fue entregado a la familia.

Padre e hijo/a permanecen desaparecidos.

Fuente: "Niños desaparecidos. Jóvenes localizados", Abuelas de Plaza de Mayo.

Si naciste entre 1975 y 1980, tenés dudas sobre tu identidad y creés que podés ser hij@ de desaparecid@s escribinos a hermanoscapital@yahoo.com.ar o llamanos al 15-3-571-0767.

H.I.J.O.S.
Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio
Regional Capital en la Red Nacional

sábado, 3 de mayo de 2008


TE ESTAMOS BUSCANDO

Diana Irene Oesterheld y Raul Araldi Desaparecidos el 7/8/76

Diana tenía 23 años. Era la hija del famoso historietista Héctor Oesterheld. Tenía un hijo de un año, Fernando, y estaba embarazada de cuatro meses cuando desapareció. Militaban en Montoneros.

Diana fue secuestrada en San Miguel de Tucumán por la policía de Tucumán, junto con su hijo Fernando. Fernando fue abandonado como "NN" por la patota policial en la Casa Cuna de la capital tucumana. Después de varios intentos fue recuperado por sus abuelos paternos. La casa donde vivían fue ocupada por Albornoz, el jefe de la policía tucumana, y su mujer.

Raúl fue asesinado en 1977, un compañero vio su cadaver en la Jefatura de Policía.

Diana fue vista en la Jefatura de la Policía de Tucumán. Fue llevada a "Campo de Mayo" donde dio a luz.

Su padre y sus tres hermanas, Estela, Marina y Beatriz también fueron desaparecidos o asesinados.

Casa tomada

Fernando Araldi Oesterheld reclama la casa donde vivía en 1976 con sus padres, que están desaparecidos. Según la fiscalía, el ex jefe de inteligencia de la policía de Tucumán, acusado del secuestro de la pareja, se apropió del inmueble, donde sigue instalada su ex amante.


Desde afuera se ve un tapial pintado de rojo y un portón. La casa está atrás, escondida. El techo apenas sobresale. Queda en la calle Frías Silva, en San Miguel de Tucumán. Fernando Araldi Oesterheld sabe que en 1976 vivía ahí con sus padres, Diana y Raúl, que están desaparecidos. Tiene guardada una foto donde se lo ve en brazos de su mamá, en la puerta. “Me muero de ganas de entrar, pero no puedo”, dice. La propiedad es objeto de disputa en una investigación sobre violaciones a los derechos humanos y apropiación de bienes de víctimas de la dictadura. El entonces jefe del Servicio de Inteligencia Confidencial (SIC) de la policía provincial, Roberto “el Tuerto” Albornoz, no sólo está acusado de la desaparición de la pareja. Varios testimonios apuntan a que se instaló en la casa con una mujer que también pertenecía a la fuerza. Ella sigue viviendo en el lugar. Sin embargo, pese al reclamo de la fiscalía y los querellantes, el juez de la causa hasta ahora se negó a desalojar y restituir el inmueble.


Diana Oesterheld, hija del escritor y guionista Héctor Oesterheld -creador de El Eternauta– fue secuestrada en julio de 1976. Estaba embarazada de seis meses cuando se la llevaron de la casa, que en aquel momento no estaba oculta tras un muro. Su hijo de un año, Fernando, también fue secuestrado y abandonado como “NN” por la patota policial en la Casa Cuna de la capital tucumana. Después de varios intentos fue recuperado por sus abuelos paternos. Hay sobrevivientes que en agosto de aquel año vieron a Diana en el centro clandestino de la Jefatura de la Policía, cuyo subjefe era Albornoz. Todo indica que a su marido, Raúl, lo asesinaron en 1977 en un enfrentamiento. Un compañero suyo de Montoneros vio su cadáver en la jefatura policial.

Albornoz, a quien apodan “el Etchecolatz tucumano”, está camino a ser indagado por todos los crímenes cometidos en el campo de concentración que estaba a su mando. En la misma senda están los represores Antonio Domingo Bussi, Luciano Benjamín Menéndez y varios militares y policías. La causa está a cargo del juez Jorge Parache. En cuanto al matrimonio AraldiOesterheld, no sólo investiga su desaparición sino quiénes fueron los responsables del robo de su hijo Fernando y qué ocurrió con el bebé que Diana esperaba en cautiverio. A eso se suma la pesquisa por la usurpación de la vivienda, uno de los puntos más complicados.

“Yo no quiero la casa por su valor económico. Quiero que saquen a la mujer que vive ahí. Que ella y Albornoz sean juzgados”, explica Fernando a Página/12. “Además, quiero saber qué hicieron con mi mamá y con mi hermano”, agrega. Por los relatos que pudo oír y los testimonios incorporados al expediente, Fernando, hoy un fotógrafo de treinta años, supo que sus padres llegaron a Tucumán en diciembre de 1975. Vivieron en forma provisoria en el hotel Petit y en febrero se mudaron a la casa de la calle Frías Silva, alejada del centro. Primero la alquilaron y después avanzaron en la compra. El papeleo, al parecer, quedó a mitad de camino.

El hombre que les rentó y vendió la vivienda, Onésico Marini, falleció, pero su hijo se presentó ante el juez apoyando el reclamo de Fernando. Su testimonio es clave porque recuerda al detalle –tenía dieciséis años– los encuentros de su papá con los padres de Fernando. Relató, además, que en agosto de 1976 un camión de la policía se llevó las pertenencias de la familia Araldi-Oesterheld y que con posterioridad Albornoz se quedó ahí junto con su amante, también policía, que nunca se fue.

Al menos diez testigos declararon que la pareja desaparecida vivía ahí con su hijo. También están en la causa los aportes del periodista Jorge Delgado, que los conoció apenas llegaron a Tucumán. Los abuelos paternos de Fernando estuvieron allí en su primer cumpleaños. Los informes del Registro de la Propiedad dicen que el inmueble era de Marini, el vendedor. La actual ocupante inició un juicio para que se la reconozca comopropietaria por haber habitado el lugar pacíficamente pagando impuestos. La fiscalía pidió frenar el trámite, que considera una prueba contra ella.

Fernando es querellante a la par de organismos de derechos humanos. El fiscal Emilio Ferrer pidió varias veces el allanamiento y el desalojo de la casa, pero el juez Parache sostiene que las pruebas no alcanzan. Ahora el tema debe ser resuelto por la Cámara Federal tucumana. En la fiscalía de Cámara apuntan: “En Tucumán hay 700 causas contra represores, pero subsisten los obstáculos porque la sociedad apoya a Bussi”.

La apropiación de bienes de desaparecidos fue una práctica común en la provincia, pero recientemente comenzó a ser desenmascarada. Albornoz está detenido por la desaparición de Rolando Coronel y su hija Marta, cuya vivienda fue usurpada por otro miembro del Servicio de Inteligencia policial, Luis Armando de Cándido, que también está preso. Su esposa, sin embargo, una ex asesora de Bussi, sigue libre. Juan Carlos Veliz, abogado de la familia Araldi-Oesterheld dice: “Nosotros exigimos que también se investigue a la ex amante de Albornoz como cómplice de los crímenes de la dictadura”.
Graciela Moreno y Juan Marcelo Soler Guinard "Negro" "Raul"

En la madrugada del 29 de abril de 1977, Graciela fue secuestrada junto a su compañero, el sacerdote Juan Marcelo Soler Guinard, en su vivienda, ubicada en la localidad de Temperley (provincia de Buenos Aires). En esa casa vivía la pareja junto a dos hijos de Graciela de un matrimonio anterior (de 7 y 8 años de edad) y al hijo de Juan, de 3 años. Luego del operativo de secuestro, los tres niños fueron entregados a los padres de Graciela.

La pareja fue llevada al CCD “El Vesubio”, en donde fue vista por varios compañeros de cautiverio. Mientras que algunos testimonios indican que Juan fue trasladado del campo de concentración en mayo de 1977, Graciela es vista allí por lo menos hasta septiembre de ese mismo año.

Según lo testimoniado por una de sus compañeras de detención (María Susana Reyes) Graciela formaba parte, junto a otras mujeres, de un pequeño grupo de detenidas que los represores usaban como “personal doméstico” en el centro clandestino: las obligaban a limpiar, cocinar, lavar ropa y servir la mesa durante las comidas de los represores.

De acuerdo con la sobreviviente de “El Vesubio” Ana María Di Salvo, quien compartió el cautiverio con Moreno en ese centro clandestino, en septiembre de 1977 Graciela continuaba secuestrada en “El Vesubio” y estaba embarazada de cerca de cuatro meses, con lo cual se deduce que la concepción se produjo estando en cautiverio. Esto coincide con lo que narraron dos de sus compañeras de detención, María Susana Reyes y Elena Alfaro, quienes declararon que Graciela, estando en cautiverio, fue violada por el represor Ramón Erlán (a) “Pancho”, y que a raíz de esa violación la joven quedó embarazada.

Las versiones no son unánimes en este sentido, ya que en el legajo CONADEP nº 1756, correspondiente a Graciela Moreno, consta que la familia de Juan Marcelo Soler Guinard denunció que la joven estaba embarazada de cerca de seis meses al momento de su secuestro, y que la fecha estimativa de su parto sería entre julio y agosto de 1977.

Posible nacimiento del bebé y desaparición de Graciela

No se ha podido dar con datos certeros sobre las circunstancias en que Graciela Moreno pudo haber dado a luz. No hay testimonios sobre el posible parto. Dado que no se ha podido establecer con exactitud el momento de inicio del embarazo de Graciela, ni se tienen testimonios sobre su eventual parto, se estima que el bebé de la joven pudo haber nacido entre julio de 1977 y febrero de 1978.

Por otra parte, según consta en la causa “Primer Cuerpo” (en la que se investiga, entre otros, el caso de Graciela Moreno), la familia de la joven “posee cartas que éstos [en referencia a Graciela y Juan] le remitieron desde su lugar de detención a través de un señor llamado Raúl quien sería uno de los guardias del lugar, respecto de quien (la familia Moreno) dijo saber que vivía en Ramos Mejía y que sería personal retirado de las fuerzas de seguridad”. Hay testimonios que indican que en ese momento —posterior al paso de la pareja por “El Vesubio”— Graciela y Juan estaban secuestrados en el centro clandestino “Sheraton” (que funcionaba en la subcomisaría de Villa Insuperable, en Capital Federal), y que era desde allí que enviaban cartas a su familia.

Graciela Moreno, Juan Marcelo Soler Guinard y el bebé que habría nacido en cautiverio permanecen desaparecidos.

Si naciste entre 1975 y 1980 y tenes dudas sobre tu identidad, crees que sos hijo de desaparecidos o conoces a alguien que puede serlo, comunicate con ABUELAS DE PLAZA DE MAYO 0800-222-2285 o por mail dudas@abuelas.org.ar

lunes, 28 de abril de 2008

Graciela estaba embarazada de seis meses


Detenidos-Desaparecidos el 2 de agosto de 1977

Roberto Eduardo Aued "el Turco"
María Graciela Médici

Roberto y Graciela fueron secuestrados de su domicilio en La Plata (calles 135 y 32) el 2 de agosto de 1977 a las 5:30 de la tarde. Según Roberto Aued le contó a Nieves Acosta, con quien estubo en el CCD Pozo de Banfield, unos coches estaban siguiendo a un chico llamado Daniel Mariani, al intentar éste entrar en la casa de los Aued, le dispararon y asesinaron. Al ver ésto, los Aued que estaban dentro de su casa se tiran al piso y se quedan quietos. Según los vecinos, personal del Ejercito los arrojó al suelo, los envolvió en frazadas y los tiraron adentro de una camioneta.

Graciela estaba embarazada de seis meses cuando fue secuestrada, no se sabe que pasó con su embarazo.

Roberto y Graciela estuvieron por un mes detenidos en la Brigada de Investigaciones de La Plata, donde permanecieron todo el tiempo con los ojos vendados. En septiembre de 1977 fueron trasladados al centro clandestino de detención conocido como "Pozo de Banfield".

En el pozo de Banfield, hubo varios partos, y el responsable de atenderlos era el médico policial Bergéz.

domingo, 27 de abril de 2008

Silvia Isabella Valenzi

Tuvo una hija el dia 2 de Abril de 1977, en el Hospital de Quilmes en Buenos Aires, durante el cautiverio.

Tu identidad fue robada el mismo día de tu nacimiento, producto del pacto de silencio de la dictadura militar y sus cómplices.
NOSOTROS NO DEJAREMOS LA BUSQUEDA HASTA ENCONTRARTE.

Silvia Isabella Valenzi tenía 20 años, era obrera textil, tejedora fue secuestrada en la vía pública en La Plata la vieron en el CCD Pozo de Banfield (no se sabe la fecha), y en el CCD Pozo de Quilmes el 1o de febrero de 1977.
Fue trasladada (asesinada) el 25/04/77

Declaró su hermana Rosaria Isabella Valenzi, que Silvia estaba embarazada cuando fue secuestrada, y que nunca vio al bebé. E involucró en esa desaparición al ex médico policial Jorge Bergés.
"
Nos enteramos que estuvo detenida en la Brigada de Quilmes”, relató Valenzi. Cuando llegó el momento de parir, Silvia Valenzi fue llevada al Hospital Municipal de Quilmes.
Rosaria Valenzi dijo que se enteró del nacimiento de la beba por un testimonio que dieron una enfermera y una partera, que luego fueron secuestradas y ahora están desaparecidas.


Enfermera
Generosa Fratassi
Detenida-Desaparecida el 14/4/77

Tenía 32 años,Generosa era italiana. Trabajaba de enfermera en el Hospital Municipal de Quilmes y era la delegada gremial en dicho Hospital.

El primero de abril de 1977, fue llevada al hospital Silvia Mabel Isabella Valenzi, una detenida-desaparecida proveniente del CCD Pozo de Quilmes. Silvia tenía siete meses y medio de embarazo y en el hospital dio a luz una niña a quien llamó Rosa. En un momento que pudo, antes de ser devuelta al CCD, Silvia gritó su nombre pidiendo que le dejen saber a su familia sobre el parte y nacimiento de la niña. De esta manera, los padres de Silvia fueron informados del nacimiento de su nieta.

El 13 de febrero, la madre de Silvia se presentó al hospital a reclamar por su nieta. Un médico se fijó en el libro de partos y vio que la niña estaba registrada. Generosa acompaño a la madre de Silvia a hablar con el director del hospital. El director le dijo que no había nacido ninguna nena, y Generosa le recalcó que el nacimiento estaba anotado en los libros (el nacimiento luego fue mal borrado del libro y la bebé "desapareció").
El día siguiente, el 14 de abril de 1977, ella estaba trabajando en el hospital cuando el porter la llamó y le dijo que la buscaba un hombre en la planta baja. Cuatro hombres armados, vestidos de civil, la esposaron y se la llevaron en una camioneta sin patente. Unos días antes María Luisa Martínez, una partera que también había colaborado con la Sra. Valenzi, había sido desaparecida.
Las dos fueron vistas en el CCD El Vesubio por Elena Alfaro.

Un médico le dijo a la testigo que la nena había nacido y que estaba viva. Pero el director del hospital en esa época, Roberto Iriarte, negó todo. Más tarde, los médicos que declararon en una causa que se abrió en la justicia penal también negaron todo, diciendo que la beba había muerto.
La mujer relató ante la Cámara que su hermana fue llevada al Hospital de Quilmes con dos policías y el médico Jorge Bergés. Según contó, éste le dijo a un funcionario del hospital: “Esa nena (la beba) no la saca de acá ni Videla sin mi orden”. Bergés estuvo procesado dos años por este caso, pero salió libre por la ley de Obediencia Debida.
Valenzi informó además que su caso es uno de los que investiga el juez Adolfo Bagnasco, que intenta probar la existencia de un plan sistemático de secuestro de bebés durante la dictadura. También se hizo una presentación al juez español Baltasar Garzón.

Nadie vio los libros de Sanidad

En otro orden, declaró un ex ordenanza de la Dirección de Sanidad de la Policía de la Provincia. Héctor Viscuzi, quien trabajó en Sanidad entre 1981 y 1995, dijo no recordar ver cuando se trasladaron los Libros de Partes Médico-legales que busca la Cámara, cuando fueron enviados a un juzgado o cuando volvieron de éste.

Viscuzi argumentó que sólo “hacía limpieza o servía café” y que nunca entró al archivo de Sanidad, donde podría haber estado la documentación.

Los jóvenes y su hijo continúan desaparecidos.


TE ESTAMOS BUSCANDO

Valeria Belaustegui Herrera de Waisberg y Ricardo Daniel Waisberg

Detenidos-Desaparecidos el 13 de Mayo de 1997

Valeria tenía 24 años, Ricardo 29. Tenían una hijita, Tania, de 15 meses y esperaban otro bebé.
La pareja, secuestrada por fuerzas de seguridad el 13 de mayo de 1977 en San Antonio de Padua (Provincia de Buenos Aires). Junto con ellos fue secuestrada una hija pequeña de ambos, quien luego fue devuelta a la familia por la Policía de la Provincia de Buenos Aires, en la comisaría de San Antonio de Padua. Tenía un puesto un cartel sujeto al cuello que decía "Soy hija de Valeria Beláustegui". Valeria estaba embarazada de 2 meses. Fueron vistos en el centro clandestino de detención "El Campito" que funcionaba en Campo de Mayo.

De acuerdo al testimonio de Juan Carlos Scarpati Valeria y Ricardo estuvieron alojados en el Pabellón III de Campo de Mayo, cuando Valeria se encontraba ya con siete meses de embarazo, y permaneció allí hasta el momento de ser trasladada.

Los jóvenes y su hijo continúan desaparecidos.
Los dos hermanos de Valeria, José y Martín y sus esposas también se encuentran desaparecidos.

Fuente;
http://www.desaparecidos.org/arg/victimas/b/belaustegui/valeria.html

lunes, 21 de abril de 2008

BUSCAMOS AL HIJO/A ...TARTAGLIA-SIERRA


LUCIA ROSALINA VICTORIA TARTAGLIA y ENRIQUE SIERRA

LUCIA ROSALINA VICTORIA TARTAGLIA fue secuestrada en noviembre de 1977 y hasta la fecha integra la lista de detenidos-desaparecidos durante la represión desatada por las fuerzas armadas a partir de marzo de 1976.
Lucía Tartaglia vivía en la Capital Federal y estudiaba, junto con su compañero Enrique Sierra, en la Facultad de Derecho de La Plata. El 27 de noviembre de 1977, Lucía se comunicó telefónicamente con su madre informándole que Enrique había sido detenido y manifestando su intención de trasladarse a La Pampa.Su madre viajó inmediatamente desde Santa Rosa, y a pesar de las innumerables averiguaciones que realizó, no pudo hallar a su hija, ni conocer el lugar de detención de Enrique Sierra.
En diciembre de 1978 recibió una carta, de puño y letra de su hija Lucía, y remitida desde un campo clandestino de detención a través de una familia con una hija detenida-desaparecida. En una segunda carta hecha llegar a su madre en febrero de 1978, Lucía le comunica que espera un hijo y las comunicaciones serán interrumpidas por algún tiempo, ya que ha sido informada que su situación sería legalizada poniéndola a disposición del PEN. Desde ese entonces no tuvo más noticias de su hija, ni del nieto por nacer.
Efectuada la denuncia ante el Movimiento Popular Pampeano por los Derechos Humanos, se dio inmediata intervención a los organismos nacionales de derechos humanos, y a la justicia federal que dispuso instruir una causa por privación ilegítima de libertad.
Profundizadas las investigaciones por el MPPDH, se constató en primer lugar que ENRIQUE SIERRA, fue detenido por personal del servicio de inteligencia de la Provincia de Buenos Aires, y que después de haber estado secuestrado en un campo clandestino en Ituzaingó, bajo la jurisdicción de la Aeronáutica, fue asesinado a fines de diciembre de 1977.
A raíz de la presentación que realizaron varios sobrevivientes del campo clandestino de detención denominado "El Banco" y del campo "El Olimpo", ante la Comisión Nacional de Desaparición de Personas, y de los testimonios aportados directamente al MPPDH, se verificó incuestionablemente que LUCIA TARTAGLIA estuvo detenida hasta febrero de 1978 en "El Olimpo" hasta su traslado al Hospital Militar con el fin de dar a luz (1).
LUCIA TARTAGLIA, llamada dentro del campo clandestino "Anteojito", había sido operada de apendicitis, para lo que también fue oportunamente trasladada al Hospital Militar.
También quedó probado que la hija detenida-desaparecida de la familia donde Lucía remitió las dos cartas, Susana González de Weis y su marido Marcelo Weis, y que continúan desaparecidos, estuvieron en el campo de concentración "El Olimpo".
En la causa se encuentran agregadas las cartas remitidas por Lucía a su madre, así como también el testimonio de sobrevivientes del campo de concentración "El Olimpo", que confirman categóricamente que Lucía Tartaglia fue secuestrada por fuerzas militares y que una vez nacido su hijo en cautiverio, ambos continuaron en su condición de detenidos-desaparecidos,
El MPPDH ha puesto oportunamente en conocimiento a Abuelas de Plaza de Mayo, de todos estos hechos, comprometiendo todos los esfuerzos a fin de lograr la aparición con vida de Lucía Tartaglia y de su hijo.
Con fecha 17 de abril de 1984, el MPPDH efectuó una presentación ante la Embajada de Italia, a fin de que el Gobierno Italiano incluyera a LUCIA TARTAGLIA y a su hijo, en las peticiones y reclamaciones que ha realizado y realiza por los italianos detenidos-desaparecidos en la Argentina durante la dictadura militar.
En una de las cartas que Lucía hizo llegar a su madre, desde su cautiverio en el campo de concentración "El Olimpo" le decía que si su hijo era varón le pondría de nombre Sebastián; si era niña la llamaría María Victoria o María Laura.
La Comisión Nacional de Desaparición de Personas, conjuntamente con sobrevivientes que estuvieron detenidos clandestinamente, ha confirmado que en el Partido de La Matanza, sobre la autopista Richieri cerca del Camino de Cintura, existió el campo clandestino de detención denominado "El Banco". Dicho campo de concentración dependía del I Cuerpo de Ejército y era base de operaciones de varias fuerzas. Asimismo se verificó la existencia del campo de concentración "EL OLIMPO" ubicado en Ramón Falcón y Avda. Olivera dependiente del I Cuerpo de Ejército. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) inspeccionó en 1979 sus instalaciones, que por entonces habían sido desmanteladas. Muchos de los detenidos-desaparecidos que estuvieron en el campo clandestino de detención "El Olimpo" habían sido trasladados desde el campo denominado "club Atlético", dependiente de la Policía Federal, bajo jurisdicción del I Cuerpo de Ejército y ubicado en Garay y Paseo Colón. Este campo fue desmantelado a fines de 1977 por la construcción de la autopista.

"..Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino, señores jueces, NUNCA MAS!!!..."

viernes, 11 de abril de 2008

Macri nombro a un asesor legal en la ESMA











Pedro Carlos Florido asesor legal en la ESMA

Foto: Muestra fotografica de Victor Basterra

Mauricio Macri designó en la Procuración General de la Ciudad, que comanda Pablo Tonelli, a un capitán de navío que fue asesor legal en la ESMA y que defiende a los ex represores del campo de concentración que regenteaba el ex almirante Emilo Massera. Se trata de Pedro Carlos Florido, un abogado que presta asistencia jurídica a los ex marinos que revistaron en el predio de Avenida Libertador al 7000 durante la última dictadura.
Florido tiene aportes del gobierno porteño desde febrero, pero según fuentes oficiales asumió cuando el PRO desembarcó en la ciudad. Su nombramiento no fue publicado en el Boletín Oficial ni está incluido en el sistema único de mesa de entradas en el que deben figurar todos los empleados porteños, pero desde la Procuración le confirmaron Crítica de la Argentina que Florido está en funciones.
En 1982, el ahora asesor de la Procuración fue fotografiado por el ex detenido Víctor Basterra, quien estuvo secuestrado allí durante cuatro años y cinco meses.
Basterra logró quedarse con una copia de los rostros de cada uno de los represores de la Armada y los presentó ante la Justicia apenas fue liberado. “Le decían Florido o Florindo y era una especie de auditor. Estaba siempre en los casos que tuvieran que ver con guita o con propiedades. Lo vi cuatro o cinco veces, hasta que un día se prestó para que le hiciera un documento”, recordó el ex detenido. Basterra declaró que Florido fue uno de los marinos que le ordenó confeccionar cuatro pasaportes argentinos falsos para Licio Gelli, el líder de la Logia Propaganda 2. Los otros represores que le pidieron ese trabajo fueron el delfin de Massera, Jorge “Ruger” Rádice, el oficial retirado del Ejército Maco Coronel, el ex capitán Horacio Estrada y el prefecto principal José Manuel Díaz Smith.
Hasta llegar al gobierno de Macri, fue miembro del elenco de la Armada que asiste a los represores retirados en base a la información privilegiada que le llega desde Tribunales. En 2002, durante el gobierno de Fernando De la Rúa y Carlos “Chacho” Álvarez, el Senado aprobó su ascenso a capitán de navío, a pesar de la impugnación que realizó el CELS en ese momento. El pedido para beneficiar a Florido lo había firmado Carlos Menem el último día de su gobierno.

La foto tomada en la ESMA que nunca se publicó
Víctor Melchor Basterra estuvo secuestrado en ESMA durante cuatro años y cinco meses. En 1979 fue detenido junto a su esposa y a su hija, quienes fueron liberadas siete días después. En el lapso de siete meses, la Marina lo tuvo recluido en el sector denominado Capucha y fue sometido a distintos tipos de torturas.
Después de casi veinte horas de tortura con picana eléctrica y golpes, lapso en el cual Basterra sufrió dos paros cardíacos, fue obligado, el sábado y domingo siguientes, a ir con sus captores a diferentes lugares de cita con compañeros del denominado Peronismo de Base (PB), al que pertenecía.
A partir de 1980, fue confinado como mano de obra esclava en el sector de Documentación, donde estaba encargado de falsificar DNI.
Basterra sacó alrededor de 80 fotos de represores de la ESMA (entre ellos el Jorge “Tigre” Acosta, Alfredo Astiz y Ricardo Cavallo) que presentó luego a la Justicia y acaban de ser editadas ahora por el Instituto Espacio de la Memoria. El ex detenido recuerda como si fuera hoy el día que fotografió a Pedro Florido, flamante funcionario de Mauricio Macri. “Seguramente era una foto para un registro del conductor”, dice. Y explica que los documentos falsos que utilizaban los represores tomaban una identidad real para evitar ser identificados. “No recuerdo ahora el nombre del sosías que el tipo utilizaba, pero fue en 1982. Tengo la imagen de un tipo que no se había afeitado esa mañana”.
La imagen de Florido no tiene nitidez. Por eso, hasta ahora nunca había sido publicada, pese a que el abogado que se define como “auditor de la marina” ha tenido desde entonces una carrera prominente a sueldo del Estado.

Link de fotos sacadas por Basterra (ESMA)
http://www.desaparecidos.org/nuncamas/web/investig/basterra/basterra_01.htm

... "Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el Pueblo Argentino. Señores jueces: Nunca más”...

martes, 8 de abril de 2008

Clara Anahí Mariani te estamos buscando


"Estaban matando mucha juventud"

Foto (Clara Anahí Mariani con su mamá, Diana Teruggi)

"Diana era una estudiante de Letras de 26 años, casada con Daniel". Vivían en la calle 30, entre 55 y 56, junto con su beba Clara Anahí, nacida en 08/76. En los fondos de aquella casa, funcionaba una pequeña imprenta clandestina: "Acababan de publicar, en octubre de 1976, que en la ESMA había un campo de concentración, y que se tiraban cadáveres al río".
El 24/11/76, Daniel había salido, y en la casa se encontraban Diana, su beba de tres meses, y tres de sus compañeros de militancia : Juan Carlos Peiris, Daniel Mendiburu Eliçabe y Roberto Porfirio. Al mediodía, se lanzó el ataque: un operativo represivo del que formaron parte diversas fuerzas -Policía de la provincia, Policía Federal, Ejército, Gendarmería, Marina-, con tanques, bazukas, camiones militares y helicópteros.
El ataque a la casa fue de tal magnitud que el barrio entero quedó conmocionado. Los 4 adultos fueron asesinados a balazos, y se sospecha que sus cuerpos fueron quemados dentro de la casa, para dificultar su posterior reconocimiento. Lo que pasó con Clara Anahí de tres meses sigue siendo una incógnita hasta el día de hoy.
En el procedimiento, participaron varios jerarcas de la represión ilegal: entre otros, el jefe de la Policía provincial Ramón Camps; el Director de Investigaciones de la fuerza, Miguel Etchecolatz, y su chofer, Hugo Guallama; el titular de la comisaría 5º, Osvaldo Sertorio; el jefe del Regimiento 7 de La Plata, Roque Presti; el jefe del Primer Cuerpo de Ejército, Carlos Guillermo Suárez Mason. "Estuvo toda la plana mayor de todos lados", sostuvo Chicha la abuela de Anahi que en ese momento estaba en su casa, en la esquina de 44 y 21, tejiendo una batita para su nieta, cuando escuchó pasar los tanques. "Me aterroricé, porque en esa época estaban matando mucha juventud", pero no se imaginó "que se dirigían a la casa de mis hijos". "Pensé: a quién estarán matando ahora", recordó.
Más tarde ese día, Chicha tuvo que dejar su casa para ir a cuidar a su padre enfermo. Cuando volvió, al día siguiente, vio a todos los vecinos reunidos en la puerta de su vivienda. El lugar estaba destrozado: la casa había sido baleada y saqueada, había escombros por todas partes y muebles destruidos. "Además se habían robado todo lo robable", indicó, y añadió que fue en esa misma casa que sufrió, un mes después, otro allanamiento violento. Entre los represores que lo perpetraron, había uno a quien sólo reconoció años después, en los diarios: Luis Abelardo Patti.
Chicha Mariani no llegó a enterarse de los asesinatos donde estaba su nieta Anahi en la calle 30 hasta el día siguiente del operativo. Aunque no pudo entrar a la vivienda hasta varias semanas después -"la casa estuvo llena de policías de civil durante un año", contó-, hizo una primer denuncia en la comisaría 5º, cuya jurisdicción abarcaba ese domicilio, para poder recuperar los cuerpos. "Me dijeron: 'No le vamos a entregar a su hija porque está carbonizada, no se la reconoce, nosotros nos vamos a ocupar de su cadáver'. Cuando les pregunté por mi nieta, me dijeron '¿qué nieta?', y que no figuraba en ninguno de los papeles".
El primer dato respecto de Clara Anahí lo obtuvo por medio de un amigo que conocía al entonces comisario Osvaldo Sertorio, el titular de la comisaría 5º, "que ha pasado a la historia por el campo de concentración que tenía al otro lado del pasillo de su escritorio". El policía le había confirmado al amigo de Chicha que Clara Anahí había sobrevivido al ataque a la casa de sus padres.
La abuela se dirigió entonces a la dependencia policial, para hablar con el comisario "Me dejó parada en el medio de la habitación y él, sentado, empezó a expresar su desprecio por mí, que era la madre de unos subversivos". Pero como le debía un favor a aquel conocido en común, terminó diciéndole, en voz casi inaudible: "La nena está viva, búsquela por la ropa porque ya le deben haber cambiado la identidad. Y búsquela rápido, porque ha perdido demasiado tiempo". El policía la derivó a la Unidad Regional de la Policía de la provincia, "pero allí me negaron que supieran algo, y me sacaron con cara de nada".
Chicha recién en 1984 se enteró de una comunicación del director del cementerio de La Plata, según la cual la joven había sido enterrada como NN, y que en 1982 esa tumba había sido "levantada y tirada a la fosa común".
A Chicha la esperaba aún otro golpe, poco tiempo después el 1 de agosto de 1977 fue asesinado su hijo, Daniel Mariani : "No se había querido ir del país por su hijita que después de pasar por varias manos, quien se llevó a Clara Anahí del lugar del operativo fue el comisario Juan Fiorillo, con su lugarteniente, Carlos "El Oso" García.
Daniel permaneció en el pais por Diana y por lealtad a sus compañeros militantes. Y se quedó hasta que lo mataron.

Anahi te estamos buscando
María Isabel Chorobik de Mariani (tu abuela)
Tel.:(0221) 421 2681
E-mail: mariaisabelchorobik@sinectis.com.ar

domingo, 6 de abril de 2008

LOS JUECES NO ENTIENDEN LA GRAVEDAD DEL DELITO


El Tribunal Federal Oral Nº 5 condenó con 8 y 7 años de prisión a Osvaldo Rivas y María Cristina Gómez Pinto, los apropiadores de María Eugenia Sampallo Barragán. Los jueces le dieron además 10 años al capitán retirado Enrique Berthier, el militar que la entregó. El juicio fue el primero que una hija de desaparecidos hace contra quienes la inscribieron y criaron como si fuera propia. María Eugenia había pedido que se aplicara a sus apropiadores el máximo de la pena prevista, por haberla privado de su identidad y del vínculo con su familia, de quien estuvo separada durante 24 años. Ayer, tras escuchar la sentencia, su abogado y las Abuelas de Plaza de Mayo criticaron la levedad de las penas: “Los jueces no entienden la gravedad de estos delitos”.
Tras la condena, los apropiadores Rivas y Gómez Pinto seguirán en libertad hasta que haya una sentencia firme, es decir hasta que el juicio pase por Casación y eventualmente por la Corte Suprema. Berthier podrá pedir la libertad cuando cumpla dos tercios de la condena. Como está preso desde hace más de cinco años, eso podría suceder en breve. Durante el juicio, ambos apropiadores se declararon inocentes.
¿Cuál sería una pena justa para quien se apropió del hijo de un desaparecido? ¿Cómo medir el daño que provocaron los que, sin haber sido parte directa en la represión, sin haber matado o torturado, se adueñaron de lo más valioso de la vida? ¿Fueron esas apropiaciones igual que una adopción, en todo caso que una adopción ilegal, o se trata de algo más grave aún? Esas son algunas de las preguntas que circularon en estas audiencias. Rosa Rosimblit, vicepresidenta de Abuelas, aseguró que la Justicia encuentra atenuantes cuando juzga a los apropiadores, una tendencia que no se modifica pese a los años. “Lo mismo le dieron al secuestrador de mi nieto y al de Carla” (Rutilo Artés, una hija de desaparecidos que fue restituida en 1985). Victoria Donda, nieta recuperada y legisladora, hizo una comparación: “A un pibe que sale a robar le dan más pena que al que robó una vida durante mas de 20 años”. María Eugenia, que habló muy poco con los medios (sólo dio una entrevista a Página/12 y ofreció una conferencia de prensa), pidió que no se confunda a sus apropiadores con padres adoptivos. “La pregunta es si una persona que robó a un recién nacido, que le ocultó que fue robado, que tal vez secuestró o torturó a sus padres, que lo separó de ellos y de su familia, que le mintió siempre respecto de sus orígenes, que –más frecuentemente de lo que cada uno quiere pensar– lo maltrató, humilló, engañó, si una persona que hizo todo o algo de todo esto puede saber y sentir qué es el amor filial. Yo respondo que no, que el vínculo con este tipo de personas queda determinado por la crueldad y la perversió

martes, 1 de abril de 2008

“Masacre de Fátima”, Estas víctimas fueron dinamitadas.


Comienza el juicio oral por la "Masacre de Fátima"

Enmarcado en la "megacausa" del Cuerpo Primero del Ejército, comenzará el debate el 29 de abril próximo.

Se trata de la Masacre de Fátima, en la que se investiga la muerte de 30 personas que estaban detenidas en la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal, hecho ocurrido en el partido bonaerense de Pilar el 20 de agosto de 1976 durante la dictadura militar.

La causa sobre la Masacre de Fátima fue elevada a juicio por el juez federal Daniel Rafecas en febrero del año pasado, y ahora estarán sentados frente al Tribunal Oral Federal 5 los acusados Carlos Gallone, Juan Carlos Lapuyole y Miguel Angel Trimarchi.

La noche del 19 de agosto, un grupo militar efectuó un control caminero sobre la ruta 9, en Pilar, mientras aviones sobrevolaban el área. A las 4 de la madrugada del 20, una camioneta y un furgón llegaron al lugar y a los pocos minutos se escuchó una fuerte explosión.
A la mañana, el espectáculo era macabro: restos humanos se esparcían en un radio de cien metros. El área fue cercada por soldados mientras los restos de los cuerpos dinamitados eran cargados en un camión municipal. Según el parte policial las víctimas eran treinta: 10 mujeres y 20 hombres.
El informe judicial dice que los cadáveres presentaban balazos en la cabeza, tenían las manos atadas y los ojos vendados.
Cinco cuerpos fueron identificadas.Los otros 25 fueron inhumados como N.N. en el cementerio de Derqui. La Junta Militar, mediante un cínico comunicado expresó que "repudia el vandálico hecho, atribuible a la demencia de grupos irracionales que pretenden perturbar la paz interior y la tranquilidad del pueblo argentino, así como también crear una imagen negativa del país en el exterior.

Según el testimonio el policía Víctor Luchina la noche que trasladaron a 30 personas: "Apagaron todas las luces. Sólo quedaron encendidas las del ascensor y la playa de estacionamiento. Recuerdo que los detenidos eran 30 porque fueron contados. Algunos venían envueltos en mantas, parecían estar muertos; otros venían tambaleándose como drogados". Mientras cargaba los cuerpos en un camión, le comentaron: "Estos se van para arriba".

Las víctimas fueron, Inés Nocetti, Ramón Vélez, Angel Leiva, Alberto Comas, Conrado Alsogaray, Susana Pedrini de Bronzel, José Bronzel, Selma Ocampo, Haydeé Cirullo de Carnaghi, Norma Frontini, Jorge Argente, Carmen Carnaghi, Horacio García Gastelú, Juan Carlos Vera, Carlos Pargas y Ricardo Herrera Carrizo, mientras que la identidad de los 14 restantes aún no fue determinada.

Los acusados son el ex oficial Gallone, jefe de uno de los grupos que actuaba en la Superintendencia y se encargaba de las detenciones ilegales; Timarchi, del Departamento de Sumarios y Lapuyole, el jefe de inteligencia de Coordinación Federal, como también llamaban a la Superintendencia.

sábado, 29 de marzo de 2008

¿Por qué sobrevivimos?


UN DEBATE QUE ABRE PUERTAS

Porque creemos que el debate abre puertas, permite cotejar nuestras opiniones y formular nuevas preguntas, nunca rehuimos la polémica en torno a las razones de por qué algunos sobrevivimos al exterminio perpetrado por la dictadura militar dentro de los campos de concentración. Es más, procuramos estimularla, reclamando sí, respeto, seriedad en las argumentaciones que se esgrimen, y ausencia de prejuzgamientos que, más allá de la voluntad de quienes los sustenten, terminan reflejando la visión que la dictadura quiso imponer.

Esto nos ha llevado a profundizar la reflexión sobre el hecho de nuestra sobrevivencia. Para nosotros, esta profundización es un gran avance; para nuestros compatriotas que, a su modo, también son sobrevivientes de un horror que no termina de espantarnos, también puede constituir un aporte y queremos compartirlo.

Desde ya, partimos de una cierta ignorancia. Ignoramos la causa particular y la causa general de nuestra sobrevida, aunque sabemos que fue una entera decisión de los represores.

En años de lucha y reflexión, a veces de desesperada reflexión, nos hemos preguntado ¿quiénes sobrevivimos? ¿por qué, para qué? Fuimos apuntando posibles respuestas que en modo alguno cierran el tema. Entre los sobrevivientes hay militantes de base de organizaciones políticas, barriales, sindicales y también dirigentes de organizaciones armadas y no armadas. Hay adolescentes y jóvenes y también adultos mayores, hay mujeres que tuvieron sus hijos en cautiverio (en los campos de concentración o en las cárceles "legales") y mujeres que abortaron a causa de los tormentos, hay obreros de distintos gremios, profesionales, religiosos, estudiantes. Hay compañeros que soportaron espantosas torturas y mantuvieron silencio y compañeros que tras terribles castigos les fue arrancada una cita, una dirección o se autoinculparon, incluso, de hechos que no habían realizado. Todos ellos forman la categoría sobrevivientes de los campos de concentración y sus identidades responden al quiénes de nuestra formulación. Son los mismos, exactamente los mismos "quienes" que, por miles, fueron desaparecidos tras su cautiverio en los centros clandestinos de detención.

Si, como sostenemos, no es posible la ecuación sobreviviente = delator ni su inversa, se nos impone otra pregunta: ¿Cuál era el criterio de los asesinos para liberar o trasladar o legalizar a un detenido? Sabemos que no la pertenencia política, no el sexo ni la edad, no la actitud frente a la tortura ni la colaboración con los represores, tampoco la gestión personal de los familiares para dar con el paradero de las víctimas. Pensamos que no hubo un criterio único de selección para la muerte o la vida, aunque sí podemos precisar que existe más cantidad de liberados a partir de 1977 y progresivamente, hasta 1983, y que las "decisiones" dependían y variaban según la fuerza militar que comandara el campo, según los jefes de cada campo, según los acontecimientos políticos que estuviera atravesando el país.

Esto nos parece que intenta responder al "por qué". Nos queda ahora aproximarnos al "para qué". ¿Para qué planeó dejar prisioneros vivos una dictadura que se propuso aniquilar toda oposición armada, política, ideológica, abarcando desde los "subversivos" hasta los "tímidos e indiferentes"? Nos lo hemos preguntado, nos lo seguimos preguntando. Hemos pensado algunas posibilidades, algunas respuestas que no necesariamente nos alivian, sino que han supuesto un nuevo desafío para los sobrevivientes.

Si el eje de la política represiva fue el terror a inocularse en toda la sociedad argentina, y si ese terror (secuestro, tortura, desaparición) se practicó en la clandestinidad, ¿quién podría contarlo (e inocularlo) en cada habitante del país? Evidentemente, no los Scilingos, cuyo rol en ese momento era hacer y no contar. El relato del horror, según el plan represivo, debía quedar en boca de un puñado de sobrevivientes, que enteraran a la sociedad de lo que le sucedía a las personas que, de pronto, dejaban de ir al trabajo, al colegio, a su propia casa. Por supuesto, el plan preveía un relato del horror aterrorizado y aterrorizante. Desde su punto de vista, el liberado era un ser destruido por la experiencia soportada, que relataría y sostendría en el tiempo -con sus palabras o con su locura, con su mutismo o su desesperación, con su ruina física o su delirio de perseguido- el horror reservado a los disidentes.

Como parte del "plan", se contemplaba la desconfianza que el círculo de allegados al sobreviviente le profesaría. "Si tantos no volvieron y éste sí...". Ni más ni menos que el "por algo habrá salido". En una situación de terror y peligro real para los opositores a la dictadura, era sumamente difícil que éstos superaran la desconfianza y evitaran el aislamiento de los sobrevivientes. Si el mandato represivo para nosotros fue "aterroricen", el mandato para los militantes no secuestrados, implícito en nuestra sobrevivencia, fue "desconfíen". Con terror y desconfianza se aseguraba un largo período de desarticulación social, permitiendo a la dictadura su permanencia en el poder. Ese fue, creemos, al menos parte del plan de dejar con vida a un número reducido de prisioneros.

Los sobrevivientes fuimos comprobando que si contábamos lo que habíamos vivido, aterrorizábamos, cumpliendo, en buena medida, los designios de los represores; y si callábamos, contribuíamos al olvido de uno de los más trágicos períodos de nuestra historia. Con tropiezos, con muchas ayudas y con muchos rechazos, también, buceando en nuestra propia identidad de luchadores, fuimos integrando en nosotros mismos el horror vivido y las causas de nuestra participación política antes del secuestro. Contar es, desde entonces, testimoniar para mantener la memoria y construir la justicia. Relato terrorífico el nuestro, sin duda. Es lo que nos tocó vivir, pero como respondiera Picasso a un general nazi que, contemplando "su" Guernica, le preguntó si era el autor de algo tan espantoso, "esto lo hicieron ustedes", este horror que contamos lo "pintamos" nosotros, pero lo hicieron los militares argentinos, a expensas de las clases dominantes que los contrataron para la tarea.

De modo que contextualizar nuestro relato, contar todo lo que los desaparecidos protagonizaron en nuestro país (sus luchas, sus sueños, sus experiencias de vida) y no solamente el horror, ha sido nuestro modo de desbaratar el plan de los represores, que nos querían mutilados, temerosos, arrepentidos. Así como nosotros, con inmensas dificultades, intentamos darle otra perspectiva a nuestra sobrevivencia, quienes pudieron escapar a la represión de los campos y las cárceles, fueron superando la desconfianza, pudieron oírnos y reconocernos como compañeros de lucha que somos y como parte de una realidad compleja que merece debatirse, sin canibalismo ni sombra de maldiciones, porque la polémica con proa a la verdad no nos debilita, sino que nos afirma en nuestro común deseo de justicia.

lunes, 24 de marzo de 2008

Una historia de resistencia



El sol se escurre entre las nubes, y el mediodía logra entibiar el vino tinto que espera en la mesa. El abuelo Carlos es uno de los primeros en llegar. Trae un pan artesanal, una enorme picada y algunas historias, demasiadas, que atraviesan a su familia hasta el dolor. El carbón se enrojece en la parrilla mientras primos, tíos, hijos y abuelos van entrando, junto a sus ausencias, por la puerta abierta de la casa de City Bell. Carlos Ramírez Abella carga 82 años y casi ninguna arruga. El tiempo parece haberse detenido en su piel, desde que seis miembros de su familia desaparecieron en sólo ocho meses. Sus canas, en cambio, revelan la intensidad de los últimos treinta años cuando su vida “se transformó totalmente”: de abuelo a padre, de abogado a militante, de marido a compañero de lucha.
Familia. En cada frase, en cada anécdota, Carlos repite la palabra familia. Así habla de su papá abogado y cajetilla, pero “bien de pueblo”, que abría su casa a quien tuviera hambre; de tres hermanos varones que le enseñaron a pelearse mano a mano “pero nunca con uno más chico”; y de una hija “que se hizo montonera por las dictaduras que persiguieron al peronismo”. Así también explica las ausencias: “Siempre fuimos una familia con especial atención por la política. Muy solidarios. Una familia a la que nos rebela la injusticia”. Carlos militó desde muy joven en el radicalismo. “Era de la UCRI. Antiperonista pero no gorila”, aclara, y en seguida agrega: “Siempre estuve orgulloso de la militancia de mi hija”. Aunque se recibió de abogado, trabajó de su profesión recién en 1962, después de ocupar el cargo de director general del Ministerio de Educación bonaerense. “En el 83 dejé la abogacía. Nunca más me puse un traje y me dejé la barba que llevo hasta hoy.” El asado del domingo reunió a la familia con la misma intensidad que el terrorismo de Estado la diezmó cuando secuestró a Elbita, Arturo, Alicia, Daniel, Manely y Nereo, entre abril y diciembre de 1977. Todos eran montoneros y de La Plata. A todos se los llevaron junto a sus pequeños hijos. Elbita fue la primera. La sobrina de Carlos vivía en Berisso con su compañero Arturo Baibiene, y su hijos, Leticia, de tres años y medio, y Ramón, de uno. El 26 de abril de 1977, en un operativo que ningún vecino aún puede olvidar, los militares se llevaron a Elbita junto a sus dos chiquitos, que aparecieron algunos días después en la Casa Cuna de La Plata. A horas del secuestro, en la misma casa, también mataron a Arturo. “Yo registré todo –dice Leticia detrás de unos grandes lentes oscuros–, y de repente me hice adulta a los cuatro años. Relataba todo el tiempo lo que había pasado, tal vez como una manera de entender que eso había sucedido de verdad.” Ramón, en cambio, no se acuerda de nada, pero heredó de su papá los buenos asados y la pasión por la abogacía. Después de Elbita, el 6 de diciembre desapareció su hermana Alicia y su marido Daniel Cassataro. A ellos también se los llevaron con sus dos pequeñas hijas, Juliana y Roxana. “A las nenas las encontramos porque mi mujer Haydée era bruja”, recuerda Carlos con una sonrisa. Después del secuestro, Juliana, de tres, y Roxana, de uno, fueron abandonadas en un juzgado de menores. Allí llegó Carlos en busca de su nieto Arturo. “El 29 de diciembre desapareció mi hija María Nélida (Manely), su marido Nereo y su bebé Arturo, de cuatro meses”, relata mientras el humo de la pipa de Ramón endulza el humo del asado. Desde ese día, recorrió juzgados y comisarías de la zona de San Martín –donde vivía su hija– tratando de ubicar a su nietito. En febrero, en un juzgado le respondieron que no había ningún bebé y que sólo tenían dos hermanitas abandonadas. Cuando llegó a su casa, Haydée le dijo: “Pueden ser las hijas de Alicia”. Fue un pálpito. Nadie sabía hasta ese momento que Alicia y su familia habían sido secuestradas casi tres meses antes. Las nenas del juzgado eran Juliana y Roxana. La historia de Arturo fue la más complicada. Hasta que Carlos lo ubicó, pasó varios meses apropiado por un comisario. “Hablé con un juez amigo que habló con el jefe de policía. Finalmente lo ubicaron y lo devolvieron.” Ese día, Carlos se transformó otra vez en “papá”. Tenía 52 años. La última vez que vio a su hija fue quince días antes del secuestro. “Ese día le dije que podía sacarla del país –recuerda–. Ella me dijo algo que nunca me olvidaré: ‘Si a vos te hubieran matado a algunos de tus amigos, ¿te habrías ido? A mí ya me asesinaron a 27 cumpas; no me puedo ir, papá’.” Las seis desapariciones modificaron el rumbo de la familia Ramírez Abella. La mujer de Carlos dedicó todo el resto de su vida a Madres de Plaza de Mayo. “Allí Haydée conoció a Hebe de Bonafini, quien se convirtió en una hermana para nosotros”, cuenta, y en seguida agrega: “Mirá cómo será, que muchos dicen que la única vez que vieron a Hebe llorar fue cuando en el 95 se murió Haydée”. Además de acompañar a su esposa en el reclamo de las Madres por los desaparecidos, Carlos fundó la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos en La Plata. “En la APDH organizamos la primera gran marcha de La Plata en plena dictadura y también logramos que en El Día saliera publicada la lista de desaparecidos de la ciudad.” Después, un grupo de maridos quiso crear una asociación como Madres pero compuesta de padres. Carlos se negó: “Nosotros tenemos que acompañarlas porque acá lo importante son ellas”. Sin embargo, no sólo “acompañó”. Defendió detenidos políticos, presentó hábeas corpus y distribuyó entre los jueces el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el que ya se hablaba de desaparecidos. “Cómo no iba a hacer todo lo que hice –se pregunta–. Si se habían llevado a mi hija, a dos sobrinas y a sus maridos.” A la escuela con Massera Carlos nunca volvió a ver a su hija Manely. Sólo sabe que fue llevada a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y que cuatro días después de su secuestro la “trasladaron”. Por lo menos, así figuraba en una lista que el sobreviviente Víctor Basterra robó del centro. Cosas del destino. El jefe de la ESMA, por donde pasaron cinco mil detenidos, era el almirante Emilio Massera, un ex compañero de escuela de Carlos. “Estábamos en distintas divisiones del Colegio Nacional de La Plata, un gran proveedor de la Escuela Naval”, dice, y como si se le hubiera aparecido su fantasma lo recuerda: “Era un tipo muy agradable y simpático. Me lo encontraba también en los bailes del club Estudiantes. Pero la última vez que hablé con él fue en el 70 cuando, de casualidad, lo encontré mientras me comunicaba por radio con mi hija que estaba en Estados Unidos. Nos saludamos, cruzamos algunas frases”. Sin embargo, después de la desaparición de Manely no fue a verlo. “¡Qué iba a ir a verlo! Es un hijo de puta. Asesinó a mi hija”, insulta por primera vez.

jueves, 20 de marzo de 2008

Evelyn Vázquez Nacida en el sótano de torturas













Evelyn Vázquez Nacida en el sótano de torturas


Susana, su madre, había dado a luz a una niña, según le informaron dos sobrevivientes del centro clandestino de detenciones de la Escuela de Mecánica de La Armada (ESMA). Ambos habían ayudado a Susana en su celda durante el parto, y ella le dio a su hija el nombre de "Laura" antes de que se la llevaran los militares.
Durante años, Angélica (su abuela) buscó a Evelyn. Las "Abuelas de Plaza de Mayo", una organización de derechos humanos que busca a los nietos "robados" por las Fuerzas Armadas, localizó a Evelyn en 1999 gracias a un dato anónimo.
Sus padres:
Susana Beatriz Pegoraro y Rubén Santiago Bauer Chimeno.
Desaparecidos el 18/6/77.
Susana tenía 21 años y Rubén 23. Ella era oriunda de Mar del Plata, de ascendencia italiana, pero se había mudado a Buenos Aires para estudiar derecho en la UBA. Militaba en la Juventud Universitaria Peronista. Al momento de su desaparición, Susana estaba embarazada de cinco meses. Vivían en la clandestinidad.
Susana fue secuestrada en La Plata el 18 de junio de junto a su padre Juan Pegoraro, en la estación Constitución de Capital. Rubén fue secuestrado el mismo día en La Plata.
Susana fue llevada a la ESMA, de allí a la Base Naval de Mar del Plata, y de allí a la ESMA de vuelta donde dió a luz a una nena en octubre de 1977. Posteriormente fue "trasladada". La niña fue dada al matrimonio del suboficial de la Armada Policarpo Vázquez y Ana María Ferra, quienes la anotaron como hija propia. La hija fue identificada como Evelyn Vázquez en 1999, pero la chica se ha negado a hacerse los estudios de ADN para constatar su identidad.

Febrero 2008, se realizó un allanamiento en la casa de Evelin Vázquez ubicada en el barrio de Núñez en donde gente de la SIDE, Gendarmería y algunos testigos retiraron un cepillo de dientes, ropa interior y una pinza de depilar para realizar las muestras de ADN, pero ella quiere que la Justicia anule este procedimiento.
Evelin fue apropiada por el marino Policarpo Vázquez quien la crió junto a su mujer. Hace 10 años, las Abuelas de Plaza de Mayo descubrieron su verdadera identidad. Sólo falta la comprobación a través de las muestras de ADN, pero ella se niega a realizarlas.
Los padres biológicos de Evelin, según las investigaciones realizadas por Abuelas, residirían en Mar del Plata durante los años de la dictadura. El matrimonio de Susana Pegoraro y Rubén Bauer son las personas de quien se sospecha es hija Vázquez, pero esto sólo puede confirmarse con las pruebas genéticas correspondientes.
Aunque el caso está en manos de la Corte Suprema de Justicia, días atrás en un procedimiento abierto la jueza Servini de Cubría ordenó un allanamiento en la causa que denuncia directamente a los apropiadores de Evelin.
El operativo, según relató Vázquez en declaraciones al diario La Nación “fue a las 5 de la mañana y estuvieron unas dos horas”. Ella calificó el hecho de “horrible” y dijo que se sintió ultrajada. “Se portaron muy correctamente, pero que te allanen es una cosa muy violenta”, agregó.
Vázquez se refirió al episodio: “llevarse mi ropa interior sucia es definitivamente atentar contra mi intimidad. Creo que ya fui bastante golpeada, me robaron cuando nací, el Estado me despojó de ese lugar, me dejó desamparada y, 30 años después, viene otra vez a perseguirme como si hubiera cometido un crimen".
La hija de desaparecidos presentará una orden de amparo para pedir la nulidad del allanamiento. Si bien en 2003, la Corte amparó su pedido de reserva de realizarse el análisis, en este caso se aprobó el allanamiento en busca de comparar sus genes con los patrones de la familia biológica.
La abuela biológica de Evelin Vázquez, Angélica Bauer vive en Mar del Plata y está a la espera de las pruebas citadas en la causa en donde la doctora Alcira Ríos asesora a las Abuelas de Plaza de Mayo en Capital Federal.

Angélica Bauer ..."No quiero meterme en su vida. Solamente deseo verla, abrazarla, darle un beso. Y quiero certeza sobre si es la hija de mi hijo", afirma Angélica. "No importa lo bien que esa gente haya educado a Evelyn. Le robaron a su verdadera madre. No entiendo cómo Evelyn no siente la necesidad de conocer a su familia."
Evelyn ... "No puedo sentir nada por gente que no conozco. Ya tengo una familia. Entiendo que debe ser muy triste para ellos, pero ese lugar ya está ocupado."

Si naciste entre 1975 y 1980 y tenes dudas sobre tu identidad, crees que sos hijo de desaparecidos o conoces a alguien que puede serlo, comunicate con ABUELAS DE PLAZA DE MAYO 0800-222-2285 o por mail dudas@abuelas.org.ar

lunes, 17 de marzo de 2008

“NN Piotti”


Identificaron los restos de Jorge Luis Piotti

La jueza de Córdoba, Cristina Garzón de Lascano, entregó a sus familiares los restos de Jorge Luis Piotti, quien había sido enterrado en una fosa común y se encontraba desaparecido. Piotti fue asesinado el 19 de enero de 1977 en Santa Fe y fue inhumado en el cementerio municipal bajo el nombre de “NN Piotti”. En 1982 sus padres, sin tener certeza sobre la identidad de los restos, llevaron su cuerpo a La Calera. En 2006 intervino el Equipo Argentino de Antropología Forense, que verificó la identidad de los restos.

Piotti fue asesinado por tropas del general Leopoldo Fortunato Galtieri el 19 de enero de 1977 en la ciudad de Santa Fe. Era un ex-seminarista de Jesús María y había estudiado Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba hasta 1970.

Desaparecida su primera esposa, María del Carmen Sosa, Piotti convivió con la militante montonera Ileana Gómez, asesinada por la dictadura con quien tuvo un varón de nombre Jorge Luis.

El padre de Jorge Luis era comerciante, su madre ama de casa. Era nieto de italianos. Tenía cuatro hermanos: María Lidia, Leticia, Roxana y Eduardo. Rubio, de tez blanca, bigotes y ojos celestes, sus amigos lo recuerdan como un tipo inteligente, activo, sencillo al vestir. Tenía una gran sensibilidad social y amor por los pobres y explotados. Era honesto y transparente en su accionar público y privado. Le gustaba tocar la guitarra y cantar folklore. Admiraba a Jorge Cafrune y Mercedes Sosa.

Vivía muy preocupado por el aumento de la pobreza y la marginación social. Solía afirmar que su generación debía hacer un esfuerzo muy importante para evitar que el país se convirtiera en una gran villa miseria. Decidió dejar su carrera de sacerdote al ver la gran corrupción del clero y la vinculación con los dictadores militares; en especial por la impunidad del cardenal Raúl Primatesta. Era amigo y discípulo de monseñor Enrique Angelelli, y se entristeció mucho al conocer su asesinato en La Rioja.

24 DE MARZO
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viernes, 14 de marzo de 2008

Historia de Hilda Flora Palacios


Hilda Flora Palacios

(Foto enterramientos clandestinos cementerio de San Vicente)

En la edición de 19 de diciembre de 1977 del diario Córdoba figura una noticia titulada "Subversivos abatidos" donde se relata que: "...los subversivos viajaban en un Torino, sin chapa patente, que abrió fuego contra los integrantes de la patrulla de las fuerzas de seguridad en la intersección de Sagrada Flia. y Ejército Argentino el jueves por la noche del día 15/12/77.

Se originó un tiroteo que epilogó con el abatimiento de los sediciosos, tres hombres y una mujer". Esta fue la “verdad” que publicaban los genocidas y sus cómplices durante el terrorismo de estado. Sin embargo, LA VERDAD ES OTRA!!!!!!.

En la mañana del 6 de noviembre del 77 Hilda junto a su pareja, Humberto Horacio Brandalisis, y sus dos hijas, Valeria y Soledad, salen de su domicilio del barrio Pilar para pasar el día en la casa del matrimonio Olmos-Juncos, en barrio José Ignacio Díaz 1º de cordoba, a poco de abandonar la casa de los Olmos, fue secuestrado por miembros del Grupo de Operaciones Especiales del Destacamento 141 “Gral. Iribarren”.

Pasada la hora del almuerzo Hilda comienza a inquietarse ante la demora de Brandalisis. A la noche Víctor Olmos con su esposa Irma Juncos y sus tres niños, deciden llevar en su propio auto a Hilda y sus hijas hasta su domicilio de calle Chivilcoy. El mismo grupo de tareas que horas antes había secuestrado a Brandalisis se encontraba dentro del domicilio de Hilda aguardando su regreso. Agentes uniformados y de civil fuertemente armados interceptan el coche que conducía Víctor Olmos cuando llegan.

En ese escenario de terror, frente a los gritos y amenazas del personal militar y civil y el asombro de las víctimas y otros vecinos, Hilda es arrastrada hacia el interior de su casa donde la interrogan al mismo tiempo que el matrimonio Olmos es sacado violentamente de su vehículo. Los 5 niños presentes quedan llorando aterrorizados en el interior del auto. (Como dijimos, dos de esas niñas, Valeria y Soledad hijas de Hilda, son quienes junto a HIJOS impulsan la querella). Posteriormente, (ya secuestrados y privados ilegítimamente de su libertad) sacan a Hilda y la introducen en uno de los vehículos que participaba del operativo. A Víctor Olmos lo obligan a conducir su propio auto en compañía de su familia. Irma Juncos queda junto a los cinco niños en el asiento trasero del coche.

El uniformado le ordenó dirigirse a la casa de sus suegros, en donde fueron dejados los cinco niños. Detrás de ellos estaban los otros vehículos del operativo, en uno de los cuales era trasladada Hilda.

Luego de dejar a los niños, meten encapuchados a Víctor Olmos e Irma Ofelia Juncos en la parte trasera de su auto donde son obligados a tirarse al piso. Desde allí son llevados al centro clandestino de detención (CCDyE) “La Perla” donde permanecieron hasta el 15/12/77, cuando son asesinados en lo que los genocidas llamaban “Operativo Ventilador” método que consistía en sacar los prisioneros vivos, fusilarlos y posteriormente arrojarlos simulando un enfrentamiento en la vía pública.

Hilda ingresó a la Morgue del Poder Judicial de la ciudad de Córdoba el 15/12/77, su acta de defunción dice que muere como consecuencia de “shock hemorrágico traumático causado por heridas de bala”. Sus restos fueron inhumados clandestinamente el 3/08/78 en la fosa individual B 326 sector nuevo del Cementerio San Vicente. Su cuerpo fue exhumado e identificado por el EAAF en el marco de la causa “Enterramientos Clandestinos” El enterramiento clandestino de cuerpos fue uno de los mecanismos utilizados por los militares para ocultar la evidencia más contundente de sus aberrantes delitos,y pudo ser entregado a la familia el 11/11/04, 27 años después de su secuestro.

El secuestro, desaparición, torturas y asesinato de estos cuatro compañeros formó parte de un mismo operativo llevado adelante por el grupo de operaciones especiales del Destacamento de Inteligencia 141 “Gral. Iribarren” que actuaba en “La Perla”. Palacios, Brandalisis, Lajas y Cardozo, que militaban en el Partido Revolucionario de los Trabajadores, fueron secuestrados con pocas horas de diferencia, permanecieron en el mismo Centro Clandestino, los fusilaron juntos, tienen la misma fecha de ingreso a la morgue judicial procedentes del Hospital Militar y luego fueron enterrados clandestinamente en el Cementerio de San Vicente de la ciudad de Córdoba.

Hasta el momento sólo pudimos recuperar el cuerpo de Hilda Flora Palacios gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense.

Todos los hechos narrados se encuentran debidamente acreditados con pruebas testimoniales, informativas y documentales.

Presentamos la nómina de represores acusados en esta causa.

Menéndez Luciano Benjamín-Manzanelli Luis Alberto-Díaz Carlos Alberto-Padován Oreste Valentín-Lardone Ricardo Alberto Ramón-Rodríguez Hermes Oscar-Acosta Jorge Exequiel-Vega Carlos Alberto-Centeno Arturo Gumersindo(fallecido)-Lujan Ricardo Andrés(fallecido)

jueves, 6 de marzo de 2008

Procesan a Barreiro PEDIMOS CARCEL COMUN para que no tenga la posibilidad de suicidarse o ser suicidado

Procesan a Barreiro

El 5 de marzo la jueza Federal Cristina Garzón de Lascano dictó el procesamiento, prisión preventiva y embargó por $200.000, al represor Ernesto Guillermo Barreiro en el marco de la causa Hunziker.
“El Nabo” Barreiro, que se había fugado Estados Unidos de donde fue deportado a fines del año pasado, está imputado como unos de los responsables la tortura y el posterior asesinato y desaparición de Diego Raúl Hunziker.
Desde H.I.J.O.S. expresamos nuestro profundo deseo de que los tiempos judiciales se aceleren para que Barreiro no deba pasar 25 años más sin condena, para que vaya a los estrados y diga todo lo que hizo en “La Perla”, para que no tenga la posibilidad de suicidarse -o ser “suicidado”- logrando una impunidad eterna.

Prontuario del Represor
Barreiro, también llamado “Rubio” o “Nabo” fue uno de los jefes de la patota de asesinos del centro clandestino "La Perla" participando en numerosos asesinatos, torturas y secuestros.
Representante del sector más reaccionario que asaltó los poderes del Estado en 1976. De ideología nazi, se identificaba con la derecha peronista. Antisemita, odiaba a los judíos y tenía un fuerte desprecio de “clase” hacia los trabajadores. En La Perla se transformó en uno de los especialistas en torturas más denunciado por los sobrevivientes y recordado por su sadismo, según numerosos testimonios de sus victimas.

Esta causa investiga el asesinato de Diego Raúl Hunziker, estudiante de 17 años que fue detenido el 3 de septiembre de 1976 y desaparecido en el Centro de exterminio “La Perla”. Estudiaba en el Colegio Monserrat y forma parte de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).
El 3 de setiembre de 1976, Diego fue secuestrado en su domicilio. Al ingresar en la vivienda junto a su madre, fue interceptado por siete individuos armados, que dijeron obedecer órdenes del Tercer Cuerpo de Ejército. Entre el 3 y el 6 de setiembre de 1976 Diego Hunziker estuvo detenido en la casa de Hidráulica y posteriormente fue trasladado al centro de exterminio "La Perla".
Entre la noche del 21 al 22 de setiembre, Diego fue ejecutado extrajudicialmente luego de ser sacado de "La Perla" en uno de los llamados "operativo ventilador". Como era una costumbre en la época, los medios de prensa dieron a conocer el hecho como un enfrentamiento junto a otro joven.

Hasta el momento la Justicia Federal de Córdoba mantiene imputados y con prisión preventiva a: Luciano Benjamín Menéndez, Hermes Oscar Rodríguez, Luís Gustavo Diedrich, Carlos Alberto Vega, Carlos Alberto Díaz, Luís Alberto Manzanelli, Ricardo Alberto Ramón Lardone, Jorge Ezequiel Acosta, Emilio Morard, Luís Alberto Cayetano Quijano, José Hugo Herrera, Roberto Nicandro Mañai, Arnoldo José López y Héctor Raúl Romero. También se imputa al ex prófugo detenido en EEUU y deportado a nuestro país Ernesto Guillermo Barreiro, e imputaba a Juan Bautista Sasiain, fallecido. Están acusados por homicidio, tormentos y privación ilegítima de la libertad.

La estrategia de los militares apunta a dilatar lo máximo posible los procesos judiciales, para lo cual sus defensores presentan apelaciones y recursos de todo tipo a los fines de demorar el inicio de los juicios.
Puntualmente, en esta causa, al igual que en la causa Brandalisis, la defensa de los militares interpuso un recurso de casación, con lo cual la resolución se está tramitando en la Cámara Nacional de Casación Penal y esperamos que su resolución se efectivice en el curso de este año.

En esta causa representamos como querellantes a la familia Hunziker.

Reiteramos nuestro pedido a la justicia federal de Córdoba, de que todos los represores (militares, policías y civiles) detenidos por violación a los DDHH durante la dictadura sean enviados a cárceles y no a unidades de sus mismas fuerzas como hasta el momento.
Son numerosas las denuncias que recibimos, que hacen constar los beneficios (teléfonos celulares, visitas sin control, etc) a los que acceden estos genocidas, lo cual pone seriamente en peligro la integridad física de jueces, fiscales, abogados y testigos.