lunes, 15 de septiembre de 2008

LOS PRIVILEGIOS DE UN GENOCIDA

El represor Miguel Etchecolatz, condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad, permaneció tres días internado en la Fundación Favaloro para hacerse estudios médicos. Como se sabe, la clínica que fundó René Favaloro es una institución privada. Sin embargo Etchecolatz fue atendido allí y no en un hospital público, como le correspondería a cualquier detenido que fuera trasladado para realizarse algún chequeo.
El genocida, preso en Marcos Paz, había pedido autorización a los jueces federales Arnaldo Corazza y Carlos Rozanski, pero éstos se opusieron y le rechazaron un hábeas corpus. El ex comisario, sin embargo, apeló ante la Cámara Federal y consiguió autorización para que el Servicio Penitenciario lo trasladara a la Fundación Favaloro. Antes había sido rechazado como paciente en el Sanatorio Güemes.
Antes de negarle el pedido, tanto Corazza como Rozanski hicieron una consulta médica. Los resultados arrojaron que los exámenes en cuestión no eran urgentes ni requerían internación, y que podían hacerse en forma ambulatoria.
El juez Corazza tiene imputado a Etchecolatz en la causa Camps, y Rozanski fue presidente del Tribunal Oral que lo condenó en septiembre de 2006 por delitos cometidos en el marco de un genocidio.
Etchecolatz permaneció, pese a los resultados médicos tras la consulta judicial, tres días internado en la Fundación Favaloro, un privilegio que muy pocos reclusos obtienen, porque su defensora apeló ante la Cámara Federal de La Plata. Los camaristas revocaron la resolución denegatoria y accedieron a que el represor sea internado en el Instituto de la Fundación.
Cuando el Reporte de las Madres quiso saber qué tipo de chequeos se realizaba Etchecolatz y si era o no custodiado, uno de los integrantes del departamento de prensa de la Clínica se mostró sorprendido por la presencia del ex comisario en la clínica. “Son los únicos que me consultan por esto”, sostuvo la fuente que, sin proponérselo, estaba comprobando la poca atención que los medios masivos le prestan, salvo honrosas excepciones, a los privilegios en las condiciones de detención de los genocidas.
Sin embargo, y pese a mostrarse indignado, este miembro del área de prensa de la Fundación que pidió reserva de su nombre, no supo brindar ningún detalle, a pesar de los numerosos llamados realizados. Resulta evidente que el Instituto no pretende dar cuenta de tal requerimiento.
Previamente el Sanatorio Güemes se había negado a recibir a Etchecolatz como paciente porque "le traería trastornos". De hecho, en un caso similar sus empleados llegaron a hacer una manifestación pública en rechazo a que internen allí a represores.

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